La entrevista se dividía en tres fases: entrevista telefónica con RRHH; videoconferencia con RRHH, responsable directo y responsable del equipo; y entrevista presencial con el director del área correspondiente. Todas las entrevistas fueron dinámicas y agradables a excepción de la última, donde el director del área mantenía una actitud de "poli malo", respondiendo con soberbia e intentando desacreditar cada experiencia y mérito, insinuando que el puesto quedaba grande a pesar de que luego me ofreciesen un puesto superior. Una actitud muy desagradable que me llevó a no aceptar temiendo que el trato diario fuese ese mismo.